¿Qué sentimientos tenemos cuando creemos que Dios nos está llamando?

Cuando alguien que no esperamos nos pide algo, o nos llama, nos puede sorprender.

Lo mismo nos pasa con Dios, por lo que el primer sentimiento puede ser de sorpresa.

¿Y después? Después dependerá de si acojo con emoción lo que me propone, o tal vez creo que es una locura y que conmigo no va la historia.

 

Si acojo su llamada los sentimientos son de alegría, entusiasmo, deseo de seguir buscando lo que Dios quiere de mí, comienzo a interesarme por sus cosas, deseo encontrarme con Él para que me siga hablando.

 

Por el contrario, cuando percibo que Dios me está llamando y lo considero una locura se producen sentimientos de rechazo, huída, desasosiego.Esto suele ser normal, porque a veces mis planes no coinciden con lo que Dios me propone, y humanamente tendemos a imponer los nuestros.

 

Lo importante es que con sinceridad me pregunte: ¿quiero hacer mi voluntad o la voluntad de Dios? y desde la libertad que Él me ha dado, ser capaz de responder.

 

¿Es esto lo que Dios quiere para mí?

Lo que Dios quiere es que seamos felices.  Por eso descubrirás lo que Dios quiere para ti, cuando confirmes cuál es la vocación en la que puedes ser feliz.

 

Dentro de la vida cristiana hay variedad de vocaciones: al matrimonio, como sacerdote, a la vida consagrada, o como laico consagrado.

 

Son llamadas de Dios a vivir el evangelio con fuerza, a comprometernos con los valores que movieron la vida de Jesús y que nuestro mundo de hoy está necesitando.

 

¿Cómo sé si es una verdadera señal?

Si quiero saber que aquello que siento o pienso es una “señal”, es decir, una llamada de Dios, lo primero que tengo que hacer es preguntárselo a Él.¿Cómo? Muy sencillo, hablando con Él.

 

Haz cada día un espacio para preguntarle si eso que sientes es lo que Él quiere para ti.  Seguramente no será una respuesta inmediata, pero Dios se las ingenia muy bien para hacerte ver qué es lo que ha pensado para ti.  Necesitas estar atento, en actitud de escucha y acogida a lo que te pueda llamar.

 

Te invito a preguntarle a Dios con sinceridad y valentía: “Señor, ¿qué quieres de mí?"

 

¿Cómo puedo saber que Dios me está llamando?

Debes de estar atento a lo que sientes y deseas interiormente, preguntándole en la oración, intentando ver qué te dicen las cosas que te van sucediendo y que vas viviendo.

Dios siempre nos está llamando.Lo que hay que clarificar es: “a qué me llama”, cuál es la vocación (=llamada) por la que estoy este mundo. Cuál es la misión a la que soy enviado.

 

Para esto hay unos medios de búsqueda:

- La oración, que nos lleva a un encuentro y diálogo con Dios.

- Querer responder a las necesidades que hay en nuestro mundo y la Iglesia de hoy.

- Pensar más en dar que en recibir de los demás: Generosidad.

- Poder y querer vivir como Matrimonio, Sacerdote, Laico Consagrado o Religioso.

- Ser sincero y valiente con uno mismo y con Dios.

- Y finalmente, lo principal: Confiar en Dios, pues nuestras fuerzas son limitadas, y Él ayuda siempre a conseguirlo.

 

¿Cómo es entregarle tu vida a Dios?

Es apostar por Jesús y hacer tuyo su estilo de vida.  Es vivir su mensaje porque ciertamente, también hoy.

Entregar la vida a Dios es sobre todo sus actitudes, sus gestos,

 

¿Qué tengo que hacer si Dios me llama? (donde ir, con quién hablar…)

Es estupendo que seas consciente que te está llamando, ¡enhorabuena¡

Si has acogido esta llamada y estás dispuesto a vivirla, sería bueno que compartieras esta inquietud con alguna persona que te pueda orientar en tu camino de fe.  Puede ser tu catequista, una hermana, un sacerdote.  Seguramente ellos podrán acompañarte en este tiempo en el que deseas clarificar la llamada que Dios te está haciendo.

 

También podemos ayudarte cualquiera de las hermanas que estamos disponibles para este servicio, búscanos en el apartado de “Te acompañamos” y podemos contestar a tus dudas, así como iniciar un acompañamiento on-line.

 

¿Cómo sabes si lo que sientes es realmente vocación?

Seguro que es vocación, porque todos los cristianos somos llamados por Dios a vivir plenamente nuestra vida cristiana, ya sea en la vida religiosa, en la vida matrimonial, como laico consagrado o en el sacerdocio, por lo tanto, tienes vocación.

Lo siguiente es discernir, descubrir, a qué vocación concreta te está invitando.

 

¿Sería capaz de vivir toda mi vida?

Hoy día, en nuestra sociedad, no se valora lo definitivo, el “para siempre”.  Estamos acostumbrados a dedicar periodos cortos a alguna actividad, el compromiso nos asusta, y vivimos en una cultura en la que “lo eterno” pasó de época.  Pero las cosas de Dios son definitivas, son para siempre, porque se apoyan en Él mismo, en su palabra que es firme y en su compromiso con cada uno de nosotros que es fiel.

 

Puedo vivir toda mi vida para Dios si me fío de Él, de su palabra, de la promesa de felicidad a la que me ha invitado y me dispongo a caminar junto a Él confiado en su fidelidad.En el fondo todo es cuestión de Amor.

 

 

¿Qué requisitos hay que cumplir?

El primer requisito es haber descubierto cuál es la vocación a la que Dios te llama y el segundo es estar dispuesto a vivir este deseo de Él para ti.  Entra en juego tu libertad y tu respuesta generosa.

 

Dependiendo de la llamada que Dios te hace tendrás ciertas cualidades y dones que te ha regalado para poder seguirlo feliz y fielmente.  Estos dones serán indicativos para clarificar y afianzar tu vocación.

 

¿Por qué sí hermana de la Presentación?

Porque Dios me llama a vivir el mensaje del evangelio, a hacer mío el estilo de vida de Jesús y a seguirle con alegría compartiendo la vida con unas hermanas que son mi familia.

 

Esta familia nació por el deseo de sus Fundadores de hacer llegar el mensaje de Jesús a todo el mundo por medio de la educación y la enseñanza.  Y lo hacemos en comunidad de hermanas donde el ambiente de familia, la misión y la oración mantienen nuestra entrega diaria a Dios.

 

Seguimos a Jesús, teniendo como modelo a María Niña cuando fue presentada a Dios por sus padres en el templo.  Por eso somos llamadas a vivir presentadas como Ella desde la alegría, la disponibilidad, la pequeñez, la acogida, la sencillez, la humildad y la confianza en Dios.

 

Por todo esto tiene sentido ser hermana de la Presentación y merece la pena lanzarse a serlo.

 

¿Cómo será a partir de ahora mi vida?

Si realmente Dios te llama a ser hermana de la Presentación y tú estás dispuesta a vivir esta vocación, te aseguro que serás feliz.

 

Habrás encontrado el sentido de tu vida, para qué y por quién vivir, y no hay nada que pueda darte más satisfacción y alegría que esto.

 

Si tengo menos de 18 años ¿qué puedo hacer? O ¿qué puedo hacer si siento la vocación y tengo menos edad?

Puedes hacer un acompañamiento con una hermana que te ayudará a caminar en el discernimiento de tu vocación. 

 

Realizar convivencias y encuentros vocacionales, con otras jóvenes que sienten lo mismo que tú, irá ayudándote a clarificar tus motivaciones, y avivando tu deseo de responder generosamente a lo que el Señor te pide.

 

Si lo deseas, también podrás compartir, en algunos momentos la vida, misión y oración con la comunidad de hermanas.  Compartir estos momentos con ellas seguramente te aclarará esa llamada que sientes por parte de Dios.

 

¿Qué tiene de especial ser hermana de la Presentación?

Tiene de especial TODO: Nuestro modelo para seguir a Jesús es María Niña cuando fue presentada a Dios; nos dedicamos de igual modo a la vida de misión y a la vida de oración; nuestra vida de comunidad, de familia, es fundamental; nos sentimos Iglesia y estamos disponibles a ésta; nuestra vocación es una llamada a vivir por y para Dios.

 

¿Qué cualidades tengo que tener?

La principal es querer entregar tu vida a Dios siguiendo el estilo de Jesús que se nos propone en el evangelio.

 

Otra cualidad no menos importante es desear transmitir la buena noticia del evangelio por medio de la educación y enseñanza.Esto se puede realizar en parroquias, colegios, hogares de niños, fundaciones al servicio de los más pobres.

 

Y hay que tener cualidades para vivir en comunidad, compartiendo con las hermanas la oración, vida y misión en un ambiente de familia.

 

¿Hay periodo de prueba?

Inicialmente se suele realizar un tiempo de aspirantado para realizar un discernimiento vocacional.Este tiempo es idóneo para darse cuenta si Dios te está llamando a vivir como hermana de la Presentación.

 

El tiempo de formación inicial no es propiamente un tiempo de prueba, sino un periodo en el que la persona que se siente llamada a vivir como hermana de la Presentación, y va descubriendo si es esto lo que Dios le está pidiendo.  Lo importante es ser fiel a lo que Dios nos pide.

 

Al compartir la vida con las hermanas puedes darte cuenta si es lo tuyo o no lo es.Si te vas identificando con la forma de vida de la Presentación y te sientes como en casa, lo más seguro es que esta vida sea para ti.

¿Qué camino hay que seguir para ser hermana? (formación)

Lo primero es hacer un acompañamiento vocacional con alguna de las hermanas, para que juntas podáis ver si Dios te está llamando a formar parte de nuestra familia o tal vez te llama otra vocación, a esto lo llamamos tiempo de Aspirantado.

 

El segundo paso es hablar con la persona encargada para comenzar tu Formación Inicial.  Ésta se divide en tres etapas:

 

  1. Pre-noviciado o Postulantado

  2. Noviciado

  3. Juniorado

 

En el Pre-noviciado y Noviciado, eres acompañada por una hermana encargada de tu formación  (formadora) y compartes la vida y misión en la comunidad de la Casa de Formación, junto con otras jóvenes que han sentido esta llamada. 

Es un tiempo especial para conocer aún más a Jesús, para orar, para conocer y participar en la misión de las hermanas,  para crecer en madurez humana y cristiana, y asegurar que Dios te llama a formar parte de nuestra Congregación.

 

El Juniorado es un periodo de tiempo que continúa tras la primera profesión (entrega a Dios de tu vida siguiendo a Jesús en castidad, pobreza y obediencia) en el que se consolida la vocación recibida y se afianza la pertenencia a las hermanas de la Presentación.  Este periodo concluye con la Profesión Perpetua.

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