ASPIRACIÓN A LA SANTIDAD

Hemos sido consagradas en la Iglesia para ser signos de santidad en el mundo, comprometiéndonos a vivir fielmente con alegría, sencillez la vida que Jesús nos muestra en el Evangelio: entregándose en totalidad a hacer la voluntad de su Padre.

Somos conscientes que sólo Dios es santo y es Él quien nos santifica, siempre que nosotras respondamos en fidelidad a cumplir su voluntad y al estilo de vida al que hemos sido llamadas.

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