Hna. Felisa Vélez Molero

CÓMO RECUERDO LOS COMIENZOS DE MI VOCACIÓN RELIGIOSA

Muy pequeña, veía que iban a veranear a mi pueblo muchas chicas que estaban estudiando…Yo iba a la escuela del pueblo.

Sentía una necesidad fuerte de conocer mejor a Dios para poderlo amar más. Pensaba que si pusiera estudiar en Granada como aquellas niñas, sería más fácil ese conocimiento. Y, cada noche rezaba tres Avemarías, de rodillas, al pie de un cuadro de la Virgen de las Angustias pidiéndole ese favor. Además mi deseo futuro era “ser monja maestra”

Y, el favor llegó de una manera providencial…Me llegó una beca de estudios, me admitieron en La Presentación de Granada. Cuando conocí a las religiosas pensé que ese era el camino más apropiado para ese conocimiento y amor que yo deseaba con tanta fuerza. Allí contacté con la Madre Encarnación Peregrín y ella me iba ayudando con las charlas matinales a todas y con las conversaciones personales… El camino para cumplir mis deseos…

De tal modo que, a los 15 años le dije a mis padres que quería ser monja. No era el momento oportuno y me dijeron que más adelante. Y seguí rezando a la Virgen, ahora con el deseo de que me dejaran ser religiosa.

Y, encomendándoselo a Ella, el permiso me llegó en Mayo y en sábado, que me hacen agradecérselo muy especialmente a la Virgen.

Y, el 22 de septiembre de 1961 me llevó mi madre y una tía al convento de la calle de san Juan de los Reyes. Iba con tanta seguridad que, al salir de mi pueblo, pensaba que no volvería a verlo más…porque no había costumbre de ir a las casas.

Todo fue gracia y en este momento, con 54 años de vida religiosa, puedo decir que la Virgen me ha concedido el mayor favor y he disfrutado de poder vivir a la vez dos vocaciones muy fuertes: ser religiosa y educadora. Pensaba que no había nada mejor.

La experiencia de ver el gran cariño entre mis padres me ha hecho relacionarme con Jesús en la imagen de ESPOSO. Por Él tiene sentido mi vida, para Él es mi actuar y con el deseo de descubrirlo en todos los hermanos.

Recordando a Madre Fundadora, mi Esposo Crucificado da sentido a mi existencia: en Él puedo comprender el dolor propio, de la Congregación, de la Humanidad… Y, abrazándolo a Él, acojo todas las formas de dolor, empezando por mis debilidades y faltas de correspondencia a su Amor.

Me mantiene ver su total donación por amor, por lo que siempre puedo repetir “DIOS ME AMA”, tengo razones para ser feliz, para gritar a todo el mundo que esta entrega de Cristo es incondicional, ilimitada… todo lo abarca y deseo que muchos puedan sentir la dicha de esta “locura de amor” que he experimentado y sigo viviendo de forma cada vez más íntima, profunda y sencilla.

Gracias a María que, como la primera imagen a la que invocaba, tiene a su Hijo muerto en brazos y me lo entrega para que también yo lo acoja y siga entregando resucitado a muchos hermanos.

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